Sofía se rio apenas lo miró.
—Sí, le prometí algunas cosas. Pero nada grave. No perdí nada.
Sebastián no la creyó del todo.
—Más te vale no estar mintiéndome.
—No te miento —respondió Sofía—. Además, cuando intentaste golpear a Diego, me conmovió. Pensé: mira tú, ahora sí me estás defendiendo. Estás mejorando. Cada vez más responsable.
Sebastián la miró un segundo, sin decir nada.
—Súbete al auto —dijo Sofía.
—No vamos por la misma ruta. Tomo un taxi.
—Siempre tan distante, tan imperturbable —pe