Isabella apretó los dientes.
—¿Y cómo sé que no me estás mintiendo?
—No te mentiría —respondió Sofía.
—No basta —dijo Isabella—. Quiero que Sun me lleve a pasear en su propio auto. Si no aceptas eso, yo tampoco acepto nada.
Sofía la miró de frente.
—De acuerdo.
Isabella seguía aturdida por la sorpresa.
Sofía inclinó la cabeza.
—Entonces, ¿lo consideramos un acuerdo?
Isabella suspiró, molesta.
—Será uno cuando vea a Sun. No vaya a ser que estés presumiendo algo que no puedes cumplir.
—Está bien —