—¿Por qué no viniste a verme? —preguntó Diego, con la voz tensa—. ¿Sabes lo desesperada que te ponías antes? Querías estar conmigo las veinticuatro horas del día. ¿Cómo puedes ignorarme así ahora?
Sofía se puso seria.
—Tengo la rodilla lesionada y todavía no me recupero. ¿Por qué no vienes tú a pedirme perdón de una vez?
Diego había querido hablar con calma, pero se volvió a notar tenso.
—Alejandro me ha estado causando muchos problemas. No he podido moverme. En realidad, toda esta semana estuve