Una rara furia explotó en el pecho de Sofía, no pudo evitar apretar la muñeca de Manuela con fuerza.
—¡Tía, realmente la aprecias mucho!
Manuela se asustó por la ira en los ojos de Sofía. Ella siempre había sido inteligente, obediente y sensata, rara vez la había visto perder el control...
—Puedes mimarla, amarla y cuidarla en secreto, pero, por favor, no me hagas verlo, ¿está bien?
La segunda mitad de la frase, Sofía la dijo palabra por palabra. Le había hecho una petición tan seria a Manuela,