Casi sin notarlo, Esperanza seguía mirando fijamente la mesa donde estaba Pandora.
Como si lo sintiera, Pandora volteó la cara hacia ella.
Las dos se vieron de frente.
Esperanza quedó paralizada.
No supo qué cara poner, ni si saludar, mirar a otro lado o fingir indiferencia.
Pero Pandora solo le dio una sonrisa breve, serena, casi cortés, y enseguida siguió con lo suyo como si nada.
Esa indiferencia la dejó sin reacción.
Le dolió más que cualquier actitud hostil.
¿Tantos años con ese rencor para