Sofía alzó la mirada.
—He preparado otra habitación como tu oficina, y he instalado un sistema de seguridad. Solo tú puedes entrar, yo no puedo.
Alejandro le respondió:
—Está bien, llévame a verla.
Sofía le envió el formulario, y Alejandro puso su información. Ahora pudo abrir la puerta.
—Este sistema es igual al de mi oficina —dijo Sofía, señalando una cámara discreta—. Esa es la cámara, y nadie va a poder entrar.
Alejandro de la nada sintió que ella brillaba.
Abrió la puerta y entró; la habita