Sebastián estaba muy enojado.
Sofía llevó a Alejandro a la terraza.
El sol estaba suave, y hacía un poco de brisa.
En la terraza había una piscina, pero no se usaba, ni tenía agua.
Sin embargo, alrededor había plantas muy lindas que crecían rápido. Era como estar en un bosque, allí había una tranquilidad única en medio del bullicio.
La terraza también tenía un sofá.
Ambos se sentaron, el área era amplia, y como estaban en el balcón, Sebastián no podía oír lo que decían.
—Sebastián no lo puede