—…Señor Montoya, no es que me incomode, solo no quiero volverme un problema para ti—dijo Sofía. Después de su matrimonio con Diego, había perdido todo interés en los hombres; dos años o cinco le daban lo mismo.
Alejandro se quedó perplejo.
—¿Un problema... para mí?
—Claro, en dos años ya... vas a cumplir treinta —respondió, sin saber si estaba diciendo lo correcto.
—Si de verdad quieres formar una familia, no te conviene perder ese tiempo conmigo.
Hubo un silencio breve. Alejandro pareció poners