Sebastián estaba furioso, convencido de que Alejandro no era más que un farsante que se hacía el inocente.
En el fondo, le recordaba un poco a Gabriel, pero no era lo mismo: él era amigo de Diego, y por eso Sofía lo rechazaba de inmediato, sin dejar que se le acercara.
Con Alejandro, la cosa era distinta.
Sofía lo respetaba, no bajaba la guardia con él, e incluso parecía preocuparse por lo que pensara. Bastaba con que se mostrara como un buen hombre para que ella le creyera.
Y eso encendía las a