Comparado con lo feroz que se veía Diego, Alejandro solo tenía la cara un poco roja por la sangre que se le había subido, pero sin mostrar ni una pizca de emoción. Tenía esa frialdad indiferente de siempre. Declaró un hecho sin permitir discusión:
—Ya están divorciados.
Eso tocó el punto más doloroso de Diego, se llenó de odio, con la cara sombría.
—Estabas esperando este día desde siempre, ¿verdad?
Diego había odiado a Alejandro desde niño. Por su existencia, su madre siempre estaba mal, siempr