Diego no era ningún tonto, podía comprender perfectamente cada palabra que pronunciaba Sofía. Antes le daba igual, así que ni recordaba lo que ella había expresado o lo que pensaba.
Quizás sí la había oído, pero como le era indiferente, jamás le puso atención. Lo que pasaba por alto, sencillamente lo pasaba por alto.
Ahora podría continuar ignorándola, pero Diego ya no era capaz de hacerlo. Porque Sofía lo había enfurecido completamente. Esta sensación era tan intensa que él no lograba evitarla