—Está bien.
Sofía siguió a Hugo hasta un área de descanso con sillones. Tenía ventanales al frente y el salón principal de la recepción detrás, un lugar bastante seguro. De lo contrario, no habría ido.
—Antonio, llegó Sofía.
—Hola Sofía.
Antonio rondaba los cincuenta y tantos, con barriga prominente y cabellos canosos. Sin el aura de director, era un hombre de mediana edad bastante común.
—Hola Antonio.
Hugo se hizo a un lado y se quedó parado detrás de ellos. Antonio se levantó la camisa. La ca