Hablar requería reunir mucho valor.
Si Alejandro no daba respuesta, su silencio también sería una respuesta: no estaba interesado.
—Me vas a llevar —declaró Alejandro.
Mónica intervino.
—Sofía, te encargo que acompañes al señor Montoya a su casa.
—¡Excelente!
Maravilloso, volvía a tener oportunidades. Entonces, Mónica se despidió.
—Señor Montoya, me voy.
Alejandro confirmó con un gesto. Una vez se fue, Sofía lo observó esperando su respuesta. Pero él permaneció callado. Miró brevemente su teléfo