—¡No quiero que se llamen así!
El grito de Pía hace retumbar mi habitación, se para molesta y se mueve con dificultad, lanza un bufido y se va al baño por enésima vez en dos horas.
Luego del alta, han pasado dos semanas donde ella casi se ha venido a vivir aquí, llega temprano por la mañana y se va a altas horas, excepto anoche. Logramos convencerla de que se quedara, porque era muy tarde y no puede andar moviéndose de un lado a otro. Cierro los ojos y sonrío al recordar nuestra conversación de