Después de los exámenes que nos hicieron a cada uno, los médicos de esa clínica, salimos de ese lugar, nos subimos al auto y regresamos a la casa de Hills. Entramos, ambos dirigiéndonos a la sala, me senté en el sofá mientras Hills servía en un vaso un poco del Whisky que tenía en el mueble bar de la sala, y luego se sentó a mi lado.
—Si nos casamos esta tarde, supongo que querrás que la pequeña Celina asista a nuestra boda—, le dije.
—Claro que sí, mi nana ya dejó la ropa de mi hija en la gua