Aunque en parte lo que hizo Gerard fue gracias a su hermano Abraham o a sus abogados, ya que parecía no estar muy interesado en mí, sino en vengarse de mi familia, sin embargo, fue muy educado conmigo, a veces también era tierno, lo que hizo crecer mi interés por ese hombre por días
Ese día, como Gerard Hills no estaba en casa, cuando Amelia, la criada, se acercó a donde yo estaba sentada, dejando sobre la mesa del jardín uno de esos refrescos que sabía que a mí me gustaban, me dijo:
—Señora