Tres días después de estar en la fiesta que nuestra amiga Eunice hizo en su casa, Gerard, mi hija y yo estábamos desayunando en la cocina, cuando de repente escuchamos el tono de llamada en el celular de Gerard, me quedé mirando a mi esposo, mientras él escogía levanta el teléfono. Su teléfono para contestar la llamada, saliendo de la cocina.
Cuando regresó después de unos minutos, pude darme cuenta de lo serio que estaba sin quitarme los ojos de encima.
—Era Roberto, esta tarde tienes que entr