—No puedo creer que te estés acostando con el dios griego —estoy sentada con Leo en un café, contándole todo lo que pasó anoche—. Aunque te felicito, al fin le das uso a tu vagina.
—¡Leo! —le doy un golpe y luego nos ponemos a reír.
—¿Es bueno en la cama?
—Es todo un dios en la cama —de solo pensar en todo lo que hicimos anoche, mi cara se pone roja como un tomate.
—Jumm, Abril, te dejó embobada.
—Me dejó bien follada, pero... ¿sabes? Hay algo que me preocupa.
—¿Qué cosa?
—Ayer, cuando fuimos a