Despierto al sentir unas leves caricias en mi vientre. Cuando abro los ojos, veo que Max está dándole besos a mi vientre y luego me mira.
—Buenos días, dormilona —me da un beso en los labios y luego acaricia mi mejilla.
—Hola, cariño.
—¿Cómo amaneces?
—De maravilla.
—Veo que lo de anoche hizo efecto —Max me mira con cara de pervertido y yo siento cómo mis mejillas se ponen rojas al pensar en lo que pasó anoche—. Me encanta cómo sabes.
—¡Dios, Max, no hagas eso! —le digo dándole un leve golpe en