Caigo al suelo sintiendo un dolor punzante en mi espalda. Solo logro escuchar los gritos de Máximo y los de Ed gritando que no me duerma.
—Lía, preciosa, no cierres los ojos— visualizo el rostro golpeado de Ed, quien toma mi mano dándome un toque de tranquilidad.
—Pobre Lía, va a morir.
—¡Déjala tranquila, Julieta! —grita Máximo con impotencia al no poder acercarse.
—Vas a sufrir, Máximo, te voy a dar donde más te duele, y sé que esta chica te importa mucho, así que prepárate para verla morir— v