Cuando escucho esa voz, no dudo ni un segundo en tirarme encima de él, y este me recibe, dejándome llorar en su hombro como siempre lo ha hecho desde que lo conozco.
—Ed, no puedo más —comienzo a sollozar.
—No digas eso, Lia. Tú eres una mujer muy fuerte, eres mi mujercita fuerte, no te dejes vencer —este acaricia mi cabeza y mi espalda para tratar de tranquilizarme.
—Por eso ya no quiero ser fuerte. Estoy cansada de serlo, estoy cansada de que me pasen cosas malas. No entiendo por qué no me pue