Me siento en una orilla, pegando mis rodillas a mi pecho mientras dejo salir las lágrimas que tenía reprimidas. No puedo creer que haya sido tan estúpida en creer cada m*****a palabra que me dijo... ¿cómo me lo pude creer? Máximo acabó conmigo, juro que me acabó.
—¡Maldito Máximo! —En ese momento, mi teléfono suena y veo que es Ed, así que contesto.
—Ed —digo con voz quebrada.
—Preciosa, ¿estás bien?
—No, no lo estoy. Ven por mí, te lo suplico.
—¿Dónde estás? —Le digo dónde me encuentro y solo e