El secreto
Pegue un frenazo que hizo rechinar las ruedas y empujarnos hacia el frente con brusquedad, el auto pito con fuerza esquivándonos para luego soltarnos un insulto, mi respiración era rápida y de repente escuche.
—¿Susana estás bien? —indico, pero me sentía tan culpable de habernos puesto en peligro que abrumada me quite, el cinturón saliendo del auto.
—¿Es en serio? Ahora te irás... ¡Tanto te duele que te haya dicho la verdad! Ese tipo claramente ejerció en ti una relación de maltra