Cap. 72 Nada de cuidado
Al abrir mis ojos solo veo una luz blanca; no sé dónde estoy, no escucho nada, solo veo esa luz blanca. ¿Será que me morí? No, eso no puede pasar, no así, no, Dios, no me puedes hacer esto, necesito estar bien para mi hijo.
—Amalia, ¿estás bien? Respóndeme —pero su voz, esa voz que me acelera el corazón, está hablándome, así que intento enderezarme y lo veo.
—Rohan, ¿qué pasó?
—Tranquila, no te levantes, debes descansar.
—¿Dónde estoy? ¿Qué me paso?
—Estás en la clínica, tranquila, ya viene el