Cap. 30 Solo tuya.
—Yo, yo nada, solo salí a tomar un poco de aire. —Aviento con mi pie discretamente la bolita y en ese momento cae la otra, afortunadamente el vestido es lago y creo que no se notó.
—Te escuché gritar, ¿estás bien? —Al escucharlo, me da un pequeño ataque de tos.
—Sí, sí, solo es mi mano, me duele un poco.
—Entonces yo creo que ya es hora de irnos —se acera y acaricia mi brazo —Ya quiero ir a casa y quitarte ese vestido —Se acerca más y ahora me acaricia con ambas manos.
—¿Es él? ¿Ese hombre que