Por Emma
Se abrió la puerta y apareció Pupy, acompañado por el abogado de la empresa y por otro hombre de traje, supongo que otro abogado.
Me paré para retirarme.
-Permiso.
Les dije casi seria.
Los ojos de Pupy se cruzaron con los míos, su mirada era… intensa.
En sus ojos se desprendían mil palabras, pero no abrió la boca.
En mis ojos no había miedo, ni siquiera resignación al pensar que, seguramente, eran mis últimas horas en esta empresa.
Tantas veces me enfrenté a él y el motivo de mi despid