—¿No eras tú la que caminaba cojeando?
—Pero eso no es asunto tuyo, señor Andrés. ¿No estás metiéndote demasiado?
—¿Quién dice que me meto?— En ese momento, la tomó en brazos.
—¡Andrés! ¡Bájame!— Selene forcejeó tratando de liberarse, pero sin querer jaló su rodilla lesionada. Frunció el ceño por el dolor, pero aún lo miraba muy molesta.
—Damián, la chaqueta.
—Sí—Damián, cargando las tres maletas, respondió con pesar y de inmediato le entregó la chaqueta a Andrés.
Éste rápidamente envolvió con e