Capítulo 32 – Hay cosas que deben hacerse.
Estaba en su coche, de camino al puerto, miraba por la ventanilla, mientras el viento me daba de lleno en la cara, cerré los ojos, y su risa invadió mis oídos, era un recuerdo, un maravilloso recuerdo que hacía que me doliese el corazón. Nunca volvería a escucharla.
Se detuvo en el mirador, sorprendiéndome, pues pensé que iríamos al puerto. Estábamos en un lugar incluso más alejado. Quizás pensó que de esa forma no podría escapar.
Salí del coche, tan pronto como él se giró, dispuesto a hablarme,