—Discúlpeme un momento —pidió la joven, poniéndose en pie para poder alejarse de ese sitio que, de alguna manera cruel, le asfixiaba.
Alessandro, viendo a Roberta salir de la sala cabizbaja, se sintió un poco angustiado. Es decir, ya lo había decidido. Alessandro eligió, por el bien de sus hijos, que ahora eran hijos de esa mujer, y también había decidido no volver a hacerla sentir insegura y mal, pero seguía fallando en eso y no entendía el porqué.
—Te lo advertí —soltó Roberto, caminando hast