Los siguientes días fueron un suplicio, Roberta se volvió a notar distante, incluso un poco temerosa, pero ya no con los niños, era solo con Alessandro y, para ser franco, al hombre le molestaba un poco el apagado rostro de la joven; sin embargo, la aparente carencia emocional de la chica tenía una explicación.
Roberta tenía muchas cosas en qué pensar, y tenía un montón de miedos qué superar día tras día; es decir, la joven ya no se sentía a gusto en esa casa, porque, en el fondo de sí, sabía q