—Conviértete en mí —pidió Rebecca y a Roberta casi se le salen los ojos de las cuencas pues, definitivamente, ni en su peor escenario ella se imaginó que la otra le pediría eso—. No me mires como si estuviera loca, por favor, tengo una buena razón para pedirte lo que te estoy pidiendo, así que solo escúchame, por favor.
» Pero, para empezar, necesito que me asegures que nada de lo que te diré saldrá de este lugar —pidió la falsa rubia y la otra asintió.
Ella no era de andar en chismes, además,