Roberta entró al hospital, al elevador y al cuarto de Rebecca hecha un nudo de nervios. Pero no, ella no había estado nerviosa todo el tiempo, en un inicio todo fue asombro, con la mirada fija en cada destrozado rincón de su casa, pero, conforme se comenzó a alejar de ese lugar, nació en su cabeza el delirio de persecución.
Y es que Roberta no lo podía dejar de pensar; apenas a medio día el destrozo se limitaba a las ventanas y la puerta, y ahora era toda su casa. Mientras más lo pensaba, más p