Sammy lo escuchó reír y se sobresaltó. No había querido quedársele mirando, pero era imposible. Tenía los brazos, la espalda y gran parte del pecho tatuados. Incluso sobre sus muslos había algunos, y lo más gracioso era que no disimulaban para nada los cuadritos de su abdomen.
«Bueno… ya sé dónde p