—¡Tú no tienes nada que hacer aquí! —siseó Ángel pateando un mueble lejos de él para acercarse a Darío.
—«Gracias», se dice «gracias», imbécil. «Gracias hermanito por quitarme de encima a un gordo cuarentón que iba a golpearme» —siseó Darío.
—¡Maldición! ¿¡Qué mierd@ viniste a hacer aquí, Darío!?