Darío se levantó, viéndola mover las caderas hasta la puerta y aguantarse las carcajadas mientras se iba.
—Así que esta es la guerra ¿no? —murmuró—. ¡Vas a ver!
Sacó su teléfono e hizo una llamada a un restaurante exclusivo que conocía muy bien, y le confirmaron que muy pronto le enviarían su pedi