—¡Yo no sé nada de eso! —rugió Gael.
—¡Claro que sabes! —se adelantó Ángel acusándolo—. ¡Les pagaste para que alteraran el curso! ¡Les pagaste para que forzaran el tren de aterrizaje! ¡Tenían cuerdas y tasers en el compartimento de las ruedas! ¡Les pagaste para que nos mataran!
—¡No es cierto!
—¡