—Sal de mi casa ahora mismo —sentenció.
—¡No puedes hacer eso! —le gritó su madre.
—¡Lárgate o te juro que voy a llamar a la seguridad de la casa para que te saquen a rastras! —le gritó.
Amaranta retrocedió unos pasos, pero la resolución en el rostro de Ángel era tanta que puso una mano tembloros