La pareja de enamorados había sido atrapada en su escondite, espiando a los padres de Alice, por un sirviente que se topó con ellos.
Alice le suplicó al sirviente a través de sus adorables ojos, rogándole en silencio que no los expusiera, y él accedió de mala gana. John sintió un poco de celos por las miradas intercambiadas, pero Alice lo tranquilizó rápidamente.
—John… no seas ridículo, ni te atrevas a imaginarlo —susurró Alice con el ceño fruncido—. Mejor sígueme.
Ambos se retiraron a la sala