Richard, sin siquiera desayunar, se había apresurado a ducharse y con la misma a salir rumbo al hospital privado donde se encontró a Miriam, su ex pareja que parecía haber perdido la cabeza y no podía evitar sentir la carga de la culpa en sus hombros. En ese instante, su corazón latía con fuerza, preocupado por el estado de su hijo Jack.
La cercanía que había desarrollado con Ben, el hijo de Margaret, le había hecho cuenta de cuánto anhelaba poder estar presente en la vida de su propio hijo.
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