El ambiente en la sala del tribunal estaba cargado de tensión. Margaret llegó al juicio con nerviosismo, pero se encontró con una desagradable sorpresa: no le permitieron tener un abogado.
Miró a su alrededor, sintiendo la injusticia de la situación, pero sabía que debía enfrentar las acusaciones sola.
Margaret volteó a ver que en la sala estaban toda la servidumbre de la mansión y allí, en la banca de adelante se encontraban Camila y Sheila, quien sostenía a su pequeño Ben en brazos.
Su corazó