Tengo frente a mí a ese hombre hermoso, esperándome con los brazos abiertos, no me puedo negar a ese abrazo.
—Ven.
Y yo voy.
Me envolvió en esos brazos y luego así abrazados me lleva a la cama.
—Pensabas que ibas a dormir sola.
—Sí, tienes visita y una de ellas estoy segura que quiere dormír contigo.
—Pero yo no, prefiero estar aquí entre estos brazos que ya me tienen preso, tú eres mi cárcel, pero yo quiero esta condena.
Quiero pedirte disculpas.
—¿