No me puedo resistir a esos ojitos bañados en lágrimas, el señor Mark está llorando delante de mí.
—Fabiola necesito encontrar a mi hija, quién sabe dónde estará y si está pasando trabajo y si no tiene dinero para mantenerse, está angustia me va a volver loco.
No puedo más tengo que confesarle dónde está Camila, cierro mis ojos y le digo con voz muy apresurada.
—Señor Mark, yo sé dónde está Camila.
—¿De verdad?, ¿sabes dónde está Camila?
—Sí señor, yo sé dónde está.