La mañana está radiante, me hacía falta salir a caminar un poco, la brisa marina me encanta, ella trae consigo el sabor salado del mar, sabor que se pega a mis labios, eso me gusta.
Voy a sentarme aquí en este banco, para respirar este aire.
—Camila, ¿eres tú?
Volteo lentamente, conozco esa voz, siento que mi corazón se paraliza.
—Camila, gracias a Dios por fin te encuentro.
—¿Marcus, qué haces aquí?
—Amor te andaba buscando.
—No me llames amor y yo no qu