MANSIÓN DE LOS ASTURIAS.
El almuerzo en la mansión de los Asturias era como para un batallón, la comida se perdía, porque solo tres personas compartíamos los alimentos: mi papá, mi mamá y yo.
Después del almuerzo cada uno se dedicaba a hacer sus labores, sólo nos veíamos a la hora de comer, generalmente comíamos en silencio.
En esta ocasión fue diferente, mi mamá y mi papá no paraba de hablar, pero sus conversaciones eran hirientes, era como una competencia para ver quién de