66. UN HERMOSO RENACER
El sueño se hizo realidad. Todavía con el frío entrando a su cuerpo, con el castañeo de sus dientes, y un dolor físico que no le ayudaba a pensar como debería, Cristina sonrió entre lágrimas, cuando el rostro, diminuto, fruncido entre lágrimas de sus hijos estuvieron frente a ella. Su corazón saltó y el dolor que alguna vez fue su eje, lo que sentía, lo único que la sacaba de ensueño dio paso a la felicidad.
Se los acercaron a su rostro, y allí su dolor se esfumó para siempre. Cristina renació