143. SOSPECHA DE UN CORAZÓN ROTO
CAPÍTULO 143
Cristina no lo podía creer. El descaro ya tenía nombre y apellido. Y lamentaba que no fuese otra persona sino Cristal.
El insulto acerca de su peso era pan de cada día, pero ya no más. No lo toleraría más. Cristal aprendió que Cristina callaba ante los insultos porque era ajena a defenderse, y jamás lo hacía. Era una pena que lo siguiera creyendo así. Pero no podía entender de donde salía tanto el odio.
Suspiró, acercándose al escritorio. La vista de la ciudad la atrapó y observó l