Hades camino por los pasillos. Su mente evocó miles de millones de pensamientos cuando Sigurd lo detuvo.
—Comandante, quiero hablar con usted —dijo con seriedad, pero Hades siguió caminando, despidiéndolo. Tenía que volver con su pareja.
—Se trata de la esclava que trajimos. La de pelo negro —dijo Sigurd.
—¡Ella no es una maldita esclava y su nombre es Aria! Gruñó. Los ojos de Sigurd se abrieron un poco ante su feroz reacción ante algo tan pequeño.
Ella... por la noche la vi corriendo hacia su