Esa noche, Matt y yo dormimos juntos, pero no hicimos nada. Solo nos acostamos juntos y él me abrazo, no dijo mucho sobre el trato entre mi padre y Julián, del que yo formaba parte.
Pero cuando amaneció y desayunamos, se mostró serio.
—No puedo creer que hayan negociado contigo —dijo sin probar bocado—. Tú no tenías por qué pagar los errores de tu padre.
Le di un sorbo a mi jugo, y después intenté quitarle importancia.
—Es cierto, pero, sino lo hacía, mi hermano...
—Sabes que él no merece