CAPÍTULO SESENTA Y CINCO: PRIMER SENTIMIENTO
Segundos, minutos, horas y horas seguirían pasando y para Edmundo jamás sería suficiente el tiempo. Tanto había pasado hasta donde iba la conversación con la persona que extrañaba ver en la casa, en la gran casa de los Montiel, en la empresa, en la gran empresa de los Montiel, ahí justamente donde sin saberlo, sin que ninguno de los dos lo creyera de esa manera, el lugar le estaba siendo robado.
—Has pasado por tanto, Sebastián —dijo Edmundo al n