CAPÍTULO CUARENTA Y OCHO: MATRIMONIO FELIZ
La soledad de las calles era como cualquier otro día de la semana, la diversión ya había terminado, los reporteros comenzaron a alejarse después de no haber visto nada y la verdad nadie que no perteneciera allí iba a poder saber lo que había pasado allá dentro por más que se esforzaran. La policía ya rodeaba el edificio, las tenues luces se apagaban casi una a una. Nadie tenía derecho a saber qué había pasado allí. Las sombras de los edificios altos en